La 'Quijota' de Mihura

 

Teatro. Cuarenta y tres años después de su estreno, el Teatro Real Cinema recupera 'La bella Dorotea', en la que Victoria Vera da vida a la heroína del dramaturgo madrileño

COTE VILLAR

El 25 de octubre de 1963 se estrenaba en el Teatro de la Comedia de Madrid La bella Dorotea, de Miguel Mihura. Cuarenta y tres años después se pone por segunda vez en escena, recuperada para el gran público por Victoria Vera y Paco Marsó, que han puesto el empeño económico para devolver al gran público una de las piezas cumbre del dramaturgo español

La envidia, el cotilleo y la maledicencia son los pilares que subyacen en una trama tan poética como humorística. Así se desprende del argumento que Antonio Corencio, director de la obra, explica sucintamente: «Dorotea es una persona diferente, que va a contracorriente de la moral de la época porque pertenece a una familia de dinero y porque ha viajado. Víctima de la envidia de sus amigas y de los habitantes del pueblo, es abandonada por uno de sus novios y decide permanecer vestida de novia hasta encontrar otro posible marido». Cada vez que sale a pasear vestida de blanco «se convierte en la conciencia colectiva» de todos.

Superior a 'Tres sombreros de copa'

Para Corencio, La bella Dorotea es «superior a Tres sombreros de copa» porque entronca con la escuela de la picaresca y le hace un guiño al mismísimo Arniches y su Señorita de Trévelez.Elías Gómez Picazo, crítico en aquellos momentos del diario Madrid, vio en ella «la humana tragedia de lo cursi». Hasta Alfredo Marquerie escribió tras su estreno que, por la actitud de Dorotea, entre ridícula y trágica, él hubiera titulado la obra Doña Quijota.De hecho, es posible que a la hora de bautizar a su protagonista, según cuenta el programa de la función, pensara en La hermosa Dorotea de la primera parte de El Quijote.

«Mi función ha sido la de pasar desapercibido y ser un administrador de talentos», explicó Corencia con modestia. Uno de esos talentos es el de Victoria Vera, la Dorotea que se ha convertido, además, en uno de los mayores reclamos del montaje que se estrena hoy en el Teatro Real Cinema. La actriz y el director están de acuerdo en que Mihura es uno de los grandes autores del siglo XX. «Ha sido subestimado porque no optó por el exilio. Hay un cierto espíritu sectario en esta profesión que tiende a considerar geniales a todos los que se fueron de España mientras que los que se quedaron eran mediocres. Eso no es verdad», sentencia Vera, «hubo mucho mediocre que se exilió y también hubo genios que se quedaron, como es el caso de Miguel Mihura».

Victoria está habituada a meterse en los textos de Mihura, porque ya ha sido Ninette y también intervino en La canasta. «Dorotea tiene matices de heroína», apunta, y lo compara con la propia hazaña de poner en escena hoy día una obra como ésta «sin subvenciones de ningún tipo». «Hemos demostrado que se puede montar el mismo espectáculo que se hace en los teatros importantes pero a la mitad de precio, aunque haya que estar loquito por el teatro para hacerlo», explica Victoria Vera con una sonrisa.

Vestuario de Tony Benítez

Paco Marsó, productor de la obra, corrobora esa afirmación y la apoya con datos: El vestuario femenino es del diseñador Tony Benítez, la escenografía de Gerardo Trotti, la música está compuesta ex profeso para el teatro por José Villalobos. «No hemos escatimado en gastos, como mucho hemos intentado que saliera más económico», revela el productor. «Pero el teatro, como la vida, siempre lleva implícito algo de riesgo».

La bella Dorotea, que se estrenó en Murcia y ya ha pasado por varias plazas del país antes de encontrar hueco en la capital, cuenta con un elenco formado por «actores de teatro», como gusta de recalcar Corencia. Arabia Martín, Maite Atares, Marta Malone, David Areu, Esther Gala, María Garralón, Juan Carlos Martín y Miguel Angel Gallardo son algunos de los nombres implicados. Garralón habló por todos, «son personajes muy humanos. Existen las buenas y las malas personas», desveló.

«El amor para Dorotea significa libertad. Es poder escaparse de esa sociedad que la está ahogando».
Fuente: El mundo